El placer de oler

Nuestra estética olfativa está poco educada, una limitación que podemos eliminar quienes como consumidores contemporáneos de aceites esenciales tenemos la oportunidad de disfrutar de olores exóticos y nuevos, a la vez que de jugar a crear mezclas con las que estimular y desarrollar nuevos registros neuronales en nuestros cerebros.

Hoy, casi todos nosotros asistimos a la creciente devaluación y al poco entrenamiento del olfato que poseemos y, por eso, trabajar conscientemente con él refuerza y añade valor a esos raros pero deliberados encuentros olfativos que nos ofrece la vida y en los que podemos disfrutar con el aroma de en un buen café, de una buena infusión, un buen vino o una deliciosa comida.

No se trata de lanzarnos a las fuerzas desencadenadas del consumismo mezclado a la Nueva Era. No.

Se trata de unirse a la cohorte, cada vez mayor, de personas que deseamos abrazar lo espiritual sin renunciar al placer que nuestro olfato nos ofrece, y del que podemos aprender a disfrutar diariamente, en cualquier momento.

Aun admitiendo que nos movemos dentro de una “cultura del consumidor”, podemos admitir que los aceites esenciales proporcionan un medio colectivo aceptable en el que el placer del olfato se puede valorar en sí mismo a la vez que como un camino hacia el conocimiento de lo que es nuestro cuerpo y sus sentidos.

David Flores.

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