Ethea 01

Rohan Krkyn era un cuentacuentos, pero era mi amigo y le quería y voy a contarte su última historia, de la que creo es una invención. Una fantasía, pura ficción.

La verdad es que este es un relato inacabado a pesar de su muerte porque es, también, la historia de un planeta y ¿quién vive tanto como para contar la historia de un planeta gigante y solitario en medio de un universo que no le presta atención? Por mi parte me centraré en la historia, en la medida de lo posible.

Conocí al Capitán en la escuela de pilotos, cuando era profesor. Todos le aceptábamos, con sus exagerados movimientos de manos y sus generosos saludos a las chicas. Sus clases eran la tarima ideal para exhibir su plumaje de pavo real; se paseaba de un lado a otro de la sala, erguido, sacando pecho y mirando hacia arriba. Algunas veces se detenía después de escucharse decir alguna frase rimbombante, deleitándose de lo que se le acababa de ocurrir.

He de admitir que su habilidad para contar cuentos era espectacular y su fama planetaria y merecida, nadie lograba aburrirse con sus crónicas inventadas. Pero bueno, a mí me toca ahora el marrón de contarte su mejor historia, la más sorprendente y la más fantástica.

Como una profecía autocumplida, antes de partir en lo que sería su último viaje, dijo que era el definitivo y que, si tuviera que escoger su muerte alguna vez, lo haría en una experiencia esta, que sería su gran legado y un punto y aparte para todos.

En ese momento estábamos seguros de que hablar así era su manera de enfrentar el miedo a la soledad que vivía durante sus largos viajes, pero esta vez sí que pasó. Murió solo y lo cierto es que lo hizo con las botas puestas, haciendo lo que más le gustaba:  representando a la flota de reconocimiento planetario y descubriendo planetas.

Y ya ves, su última historia no tiene un final feliz porque no le dio tiempo de regresar. Krkyn fue encontrado muerto en su nave cuando esta atracó, por sí sola, en el puerto de la Estación de Kyrlian.

Solo sabemos lo que sabemos porque lo dejó escrito, todo, en su diario de a bordo y si un día se demostrara que esa historia es verdad, entonces yo lloraría pensando que se habría redimido y que borró la dirección del planeta que descubrió para protegerlo de verdad.

En cuanto a mí, puedes hacerme tanta confianza como la que le tendrías a alguien que no conoces y a quien le escuchas una historia sobre un viejo viajero del tiempo que descubrió a un planeta al que llamó Ethea; un Gigante blanco que flota en el espacio y en el que viven seres líquidos que forman grandes lagos que llenan sus vastas depresiones de terreno.


 El diario del capitán Rohan Krkyn

 

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